viernes, 7 de octubre de 2016

Las elecciones y el poder de la ficción: por qué los estadounidenses no podían ver películas de Ronald Reagan en la pequeña pantalla durante sus campañas presidenciales

¿Por qué la NBC y sus filiales no reponen los episodios de El Aprendiz protagonizados por Donald Trump aprovechando el tirón de las elecciones?, os habréis preguntado más de una vez extrañados. La respuesta está en la Sección 315 de la Ley Federal de Comunicaciones que obliga a las televisiones a darles a los candidatos a un cargo federal las mismas oportunidades de aparecer en la pequeña pantalla. ¡Pero si Trump ha entrado y entra en directo en decenas de talk-shows, mucho más que Hillary Clinton en la fase de elecciones generales y que sus rivales republicanos en la fase de primarias, siendo eso decisivo para que consiguiera la nominación!, exclamaréis indignados.


La disposición no se aplica a "entrevistas de buena fe" en espacios informativos o en magazines de actualidad como Good Morning America, ni cuando un programa "reseña noticias de los eventos actuales, de una manera similar a los espacios informativos tradicionales," excluyendo tramposamente de la obligación a los late-night shows como The Tonight Show o, en su época, The Phil Donahue Show.


En cambio, otras apariciones de los candidatos mucho más irrelevantes y con menor (o ninguno) contenido político en espacios de
entrentenimiento y/o ficción sí disparan la disposición de igualdad de oportunidades. Por ejemplo, cuando Fred Thompson se presentó a Presidente en 2008, la cadena TNT recibió fuertes presiones para cancelar las reposiciones de la serie Ley y Orden en la que el actor y ex senador interpretaba a un eficiente fiscal. Es decir, que Thompson podía aparecer en un espacio informativo mucho más que otros candidatos y no tener ningún problema, pero la reposición de la serie de ficción en la que había participado podía ser denunciada por sus rivales, porque existe el riesgo de que el espectador "no sepa distinguir la ficción de la realidad" si no es advertido de ello.


Otro ejemplo, en su momento sin precedentes, fueron
las películas de Hollywood y las ficciones televisivas en las que había actuado Ronald Reagan, que no pudieron emitirse durante las campañas presidenciales del ex actor y ex gobernador de California. Si un canal estadounidense, inocentemente o no, hubiera emitido una de las películas de Reagan en época de campaña en 1980 y 1984, hubiera podido verse obligado a ingeniárselas para ofrecer el mismo tiempo en pantalla a sus rivales.


A las grandes y pequeñas cadenas de televisión solo les quedó esperar hasta después de las elecciones del 4 de noviembre de 1980 para programar ciclos y maratones de películas de Reagan para satisfacer la enorme demanda generada durante la campaña.


En
Pittsburgh, en el oeste de Pennsylvania, una región de "demócratas de Reagan," la mayoría de las filiales locales de las grandes cadenas se aprovecharon del fenómeno y anunciaron películas de Reagan para los sábados del otoño-invierno de 1980.


"Prepárense para el aluvión," declararon al Pittsburgh Post-Gazette los portavoces de los canales de televisión de la ciudad del acero durante la campaña. "No hay duda de que tendremos un festival de películas de Reagan después de las elecciones, sin importar cuál sea el resultado de las elecciones."


La WTAE-TV solo tenía en stock la última película que hizo Reagan antes de entrar en política, Código del hampa (1964); la emitió el sábado 29 de noviembre de 1980, y la volvió a poner varias veces durante el primer mandato del Presidente número 40.


La KDKA-TV, su principal competidora, se puso las botas a costa de la filmografía de Reagan. Tenía disponibles ocho títulos del Presidente-electo, todos de su primera época en la plantilla de la Warner Bros.: El hermano de la rata (1938), Ángeles con caras limpias (1939), Camino de Santa Fe (1940), Calumniaron a Mary Hagen (1947), una secuela de Ana la del remolcador (1940), y, por supuesto, Knute Rockne All American (1940), probablemente el título más famoso del actor y el que más se había popularizado durante la campaña.


La WIIC-TV y la WPGH-TV no tenían ninguna película del actor convertido en político que ofrecer a sus telespectadores. Más suerte tuvo la WPTT-TV, con siete títulos que emitió entre las elecciones y la toma de posesión; fueron La voz de la tortuga (1947), Stallion Road (1947), Alma en tinieblas (1949), Almas en tinieblas (1949),  John ama a Mary (1949), Aviso de tormenta (1951) y Ganándole a la vida (1952).


En otros países ocurrió lo mismo.


Os dejo para este fin de semana tres de las películas de Reagan que más veces se habrán emitido en televisión.


Camino de Santa Fe (1940) de Michael Curtiz, un clásico que Televisión Española emitió un par de veces en los años 80 en su contenedor de los sábados por la tarde, Primera Sesión



En Zona tropical (1953) de Lewis R. Foster, Reagan hacía el papel de un tipo poco respetable. De haberse emitido antes de las elecciones, podría haberle perjudicado entre vuestras abuelas



En cambio, la emisión del western El último destacamento (1951) de Lewis R. Foster, hubiera ayudado a presentar a Reagan como alguien capaz de unir a los americanos (unionistas y confederados, Norte y Sur) para luchar contra una amenaza común (representada por los Apaches)



El veto de la Ley Federal de Comunicaciones también alcanzó a las reposiciones de GE Theatre, una serie de televisión de episodios cerrados pagada por General Electric y emitida por la CBS que el futuro político solía presentar y protagonizar en los años 50, interpretando diversos papeles. Por ejemplo, el de un entrenador de boxeo con un pasado, un personaje con el que hubieran podido identificarse los votantes hombres de cuello azul (clase trabajadora) aficionados al boxeo de las ciudades pequeñas y medianas del Noreste y el Medio Oeste

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