miércoles, 16 de marzo de 2016

Autopsia a Marco Rubio '16

Rubio suspends campaign after losing home state

"Creía que tenía un perro en la pelea, y me dolió personalmente porque pensé que íbamos a ganar," declaró la semana pasada el Senador James Inhofe, que apoyó a Marco Rubio en Oklahoma, donde el candidato cubanoamericano terminó tercero por detrás de Ted Cruz y Donald Trump. "La cosa es que Rubio estaba allí, el entusiasmo era grande, mejor que con los otros. Tuvo una gran recepción. Si todo hubiera sido igual desde el punto de vita de las apariciones y la organización, hubiera ganado Oklahoma."


La misma frustración expresaban en los últimos días otros aliados de Rubio que no se explican que a un candidato de enorme potencial no se le haya sabido sacar mayor rendimiento.


"Los líderes del partido, los donantes y otros partidarios de Rubio describen una operación electoral que sigue siendo corta en su mensaje, en su atención a los fundamentos de una campaña y en su utilización de un político prometedor. Los fallos condenaron las posibilidades de Rubio," escribieron la semana pasada Ed O'Keefe, Robert Costa y Paul Kane en una pre-autopsia en The Washington Post.


"No tienen infraestructura,"
declaraba el consultor republicano Scott Reed al Post. "Su campaña no ha sabido estar a la altura de su candidatura. No tienen la operación en los estados para ayudarle a imponerse. Debería ser un finalista que llegase hasta el final en California, y no lo es."


¿Montaron una campaña demasiado pequeña? ¿Fueron demasiado tímidos y prudentes en el mensaje? ¿Hicieron una campaña demasiado convencional (un Romney 3.0) para un candidato que no tenía que ser convencional? Un poco de todo.


Rubio se apoyó en veteranos de la campaña de Mitt Romney. Jeb Bush, Scott Walker, Chris Christie, todos los que terminaron estrellándose antes que él también se apoyaron en veteranos de campañas presidenciales anteriores. Dice una ley no escrita que si quieres obtener la aprobación del establishment, rodéate de consultores del establishment. Y todos los que querían imponerse en el carril del establishment, siguieron esa regla y se rodearon de recomendados, muchos de ellos con talento, sin duda, pero acostumbrados a operar con el piloto automático y a escuchar más las opiniones de los de arriba que a conectar con el estado de ánimo de los votantes.


Solo dos candidatos republicanos se salieron del libreto este año: Trump y Cruz nunca pretendieron conseguir el beneplácito de la clase política profesional de Washington, DC y se apoyaron en consultores outsiders que van por libre, desvinculados del núcleo endogámico que los candidatos oficiales del partido han ido heredando de sus precedecesores elección tras elección. Casualidad o no, son los dos que mejor lo están haciendo porque su mensaje cubre lo que realmente demadan los votantes, no lo que se supone (lo que Washington, DC supone) que deberían demandar los votantes.


Pat Caddell, el encuestador que revolucionó el negocio en los años 70 con su trabajo para las campañas de George McGovern y Jimmy Carter, ya advirtió sobre este mal de los consultores con piloto automático en el mes de enero, antes del inicio de las votaciones.


"Los únicos dos candidatos republicanos que no han contratado o no se han rodeado de consultores republicanos nacionales son Donald Trump y Ted Cruz," señaló Caddell hace dos meses en una entrevista a Breitbart News. "Scott Walker se rodeó de consultores procedentes de Washington y del Comité Nacional Republicano y destrozaron inmediatamente su candidatura."


"Los otros candidatos," decía Caddell, "han escuchado a sus consultores y se han apoyado en mensajes y estrategias desfasadas y han gastado millones de dólares sin lograr un efecto apreciable. Mike Murphy ha gastado millones para hacer caer a Jeb Bush del 17 por ciento al 4 por ciento. La misma esclerosis está afectando a Marco Rubio. Aunque Rubio lo ha hecho muy bien en los debates, su campaña no se mueve."


Caddell atribuía esto al hecho de que "la campaña de Rubio está dirigida por la gente de Romney."


"Rubio es reticente a presentarse como un outsider. La campaña de Rubio parece concentrada en presentar al senador por Florida como el miembro más conservador del establishment político. Pero si en estas elecciones lo que cuenta es la insurgencia más que la ideología, la estrategia de Rubio es doblemente equivocada."

No hay comentarios:

Publicar un comentario